Eric Asimov, el crítico jefe de vinos de «The New York Times», descubre al público internacional los otros vinos de Rías Baixas

Tras recorrer distintas bodegas de la DO en mayo escribe un artículo en el que dice que algunos productores están descubriendo el potencial de unas uvas capaces de dar vinos mucho más elaborados que los jóvenes afrutados que llegan al gran consumo.

14-08-2023  

Cuando Eric Asimov escribe algo, sus lectores saben que no es ciencia ficción como los libros de su tío Isac. Crítico jefe de vinos de The New York Times desde el 2004, no escribe de nada que no haya visto o catado, un modo de trabajar que se traduce en la reputación que ha ido forjando a lo largo de los años debido a la honestidad y rigor de sus artículos. Porque no hay restaurante con estrella Michelín, o sin ella, ni tienda de vinos en Estados Unidos que no sepa quién es Eric Asimov. Lo que dice va a misa. En Rías Baixas también lo saben. Porque este hombre delgado y de pelo cano se dio una vuelta por las tierras que conforman esta denominación de origen el pasado mes de mayo para comprobar s realmente estos vinos podrían estar entre los mejores blancos del mundo. La respuesta a la pregunta la dio en el título del artículo que ha escrito para la versión web de The New York Times y que esperan sea publicada en papel la semana que viene: Depende. 

«Era la primera vez que venía a Galicia. A nuestra bodega vino el 30 de mayo», recuerda Eulogio Pomares, de la bodega Zarate, «un libro de historia gallega ambulante», según lo califica Asimov en su artículo. La suya fue una de las bodegas elegidas por el crítico neoyorquino porque como dice Pomares, «eligió las que quería ir».

Basta con deslizarse entre los párrafos de su reportaje sobre los vinos de la denominación de origen Rías Baixas para olfatear que hizo un buen trabajo de campo. Porque a Eric Asimov no se le escapa la íntima relación entre el terreno granítico y los caldos que se elaboran en bodegas que llevan décadas cultivando la uva: «El granito, ya sea descompuesto como suelo o como roca de granito debajo, da forma al vino y le da carácter», explica. 

De ese modo distingue entre el vino de Rías Baixas «barato, aromático, fácil de beber y olvidar» que suele verse en los supermercados o tiendas estadounidenses de esos otros que combinan otros tipos de uva, más allá de la albariña, y que se toman su tiempo para lograr otros sabores o aromas. «En lugar de conformarse con lo simple y afrutado, algunos enólogos de Rías Baixas están produciendo albariños singulares: sabrosos, salinos y contemplativos, tal vez recordando botellas de antaño», escribe también. Por eso, que los blancos de Rías Baixas entren en el Olimpo de los blancos, depende del grupo en el que estén. 

La denominación de origen Rías Baixas lleva años en el mercado de Estados Unidos con una gran penetración. Según datos recopilados el pasado febrero, por ejemplo, esta DO elaboraba el 8,6 % del vino que España exporta a ese país, donde el albariño está altamente asentado desde Texas a California, Florida o Nueva York.

Pero el viaje de Erick Asimov a Galicia, según dice Eulogio Pomares, tenía la intención de ver el potencial de esos otros vinos de Rías Baixas más elaborados, caldos que producen bodegas con viñedos históricos, producciones pequeñas y botellas que pueden alcanzar los 50 dólares. «Vinos como estos son relativamente caros para el albariño, aproximadamente 50 dólares por botella, si puede encontrarlos. Se fabrican en cantidades minúsculas y se agotan. Pero incluso los cuvées básicos de estos productores, alrededor de 25 dólares, son un paso importante por encima de las botellas de 12 dólares de las grandes empresas y cooperativas», apunta en el artículo. 

Al final del artículo hace un listado de vinos recomendados de la D.O., de los que dicen que están entre los mejores o más interesantes de las Rías Baixas: Bodegas Albamar, Do Ferreiro, Nanclares y Prieto, Pazo de Señoráns, Rodrigo Méndez y Zárate. Haber salido ahí, como dice Pomares, es un gran impulso para unos caldos que elaboran con todo el amor, como antaño. 

Source: La Voz de Galicia